Geishas

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Geishas

Nada más japonés que una geisha, con sus hermosos quimonos, sus refinados modales reflejan todo encanto tradicional. Controversiales y enigmáticas las figuras de las geishas siguen teniendo un aura de misterio.

El oficio de las geishas nace aproximadamente alrededor del siglo XVII definiéndose como un artista del entretenimiento. Originalmente existían tanto hombres como mujeres que se dedicaban a aprender las artes tradicionales –canto, baile, ceremonia del té, etc- pero con el tiempo se convirtió en un oficio típicamente femenino, donde su principal objetivo es servir de amena compañía en fiestas, reuniones o banquetes. Algo importante de aclarar es que las geishan atienden tanto a hombre como a mujeres, igual que a grupos mixtos.

Miles de tradiciones y rituales envuelven el mundo de las geishas de la misma manera que los kimonos que visten. El entrenamiento de una geisha empieza cuando ingresa a una Okiya y es aceptada por un onee-san quien la tomara como su aprendiz, a partir de ese momento hará parte de una intrincada red de relaciones medidas por el rango. Una geisha comienza como una shikomi, en esta etapa atenderá como sirvienta en su okiya, mientras asiste a la escuela del karyukai para aprender las artes tradicionales. En la siguiente fase tras aprobar un examen de danza, debuta como Minarai, etapa en la que debe aprender por la vista, asistiendo a eventos donde permanece en silencio. Luego de uno o dos meses de Minarai, la aspirante se transforma en maiko y es allí cuando comienza a atender a sus primeros clientes. A medida que evoluciona la vestimenta de la aprendiz se vuelve cada vez más discreta, hasta su “erikae” (cambio de cuello), ceremonia en la cual su eri (cuello del kimono) pasa definitivamente de rojo a blanco y se transforma en una verdadera geisha.

 

 

Lo interesante es que en el Japón ultramoderno de la actualidad estas mujeres ataviadas con intricados peinados y hermosas sedas siguen estando vigentes, y se han convertido en un icono nacional. Pese a que la cantidad de geishas ha disminuido considerablemente con el tiempo, muchas chicas que podrían optar por convertirse en ejecutivas, atletas o ingenieras siguen eligiendo este intricado camino, que ahora por ley comienza a los 15 años como mínimo.

¿Además de compañía y entretenimiento también venden sexo? Esa la pregunta que todos los occidentales nos hacemos, ya que no existe una figura comparable en nuestra sociedad, la respuesta es a veces. No vamos a desconocer que en el pasado niñas fueron vendidas a las Okiyas por un saco de arroz, y que muchas de las geishas estaban atadas por terribles deudas a una vida que no eligieron, pero la verdad es que ni ahora ni antes las geishas han necesitado prostituirse. Sin embargo no todo es tan trasparente en el mundo de las flores y los sauces, y para algunas geishas tener un Danna –patrocinador- puede resultar muy tentador. Dentro del secretismo del mundo de las geishas la relación que desarrollan con su Danna es tan respetada que nunca se habla explícitamente que incluyen estos acuerdos. Un danna es generalmente un hombre adinerado, algunas veces casado, que cuenta con los recursos para financiar a una geisha, por lo que ella puede recompensarlo -o no- con una gratificación sexual, por supuesto esto no afecta el trabajo normal de la geisha.

Contratar a un geisha puede ser un lujo muy costoso, por lo que no cualquiera puede verse acompañado de tan exquisita compañía, por lo general su tiempo y tarifa se mide según lo que se demora en consumirse un palo de incienso llamado Senkodai, no obstante hoy por hoy las geishas están sindicalizadas y de quererlo pueden abandonar la profesión en cualquier momento.

¿Por qué pagar por una geisha? Sencillo porque las geishas crean alrededor de su cliente una fantasía de cortesía, belleza, afecto y comprensión que es difícil de resistir en una sociedad donde expresar los sentimientos directamente está mal visto. Estas mujeres desarrollan la habilidad para entablar relaciones, facilitar los acuerdos de negocios, encantar con las artes tradicionales y todo esto con la más bella sonrisa y sin nunca llegar a ser indiscretas.

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